Testimonios

¿Qué nos cuentan otros padres sobre “Padres Formados, Hijos Educados”?


¿Qué nos cuentan otros padres sobre “Padres Formados, Hijos Educados”?

Ana Isabel

Yo llegué a las clases de Leticia buscando la respuesta a qué hacer después de dar una orden, contar hasta 3 y que mi hija no me hiciera caso. Leticia no me dio la respuesta, ella nunca la da, pero sí te guía para que la encuentres por tí mismo, y es ahí donde está la clave de su éxito, en el crecimiento personal de los padres y madres, para que así pueda ser transmitido a los hijos. Con ella he aprendido muchas cosas, como conocer el desarrollo cerebral y emocional del niño, reconocer y aceptar mis emociones, que cada rabieta o conflicto es una oportunidad, que si me desconecto de mis hijas debo restituir el vínculo y volver a conectar. Y también he aprendido a no juzgarme. Tras varios años de formación con ella, podría decir que para mí, todo lo que enseña y transmite con tanta pasión, se ha convertido en un faro. Un faro que tengo presente cuando el mar con mis hijas está en calma, pero sobre todo, un faro que busco cuando tenemos fuertes marejadas. Siempre hay un pensamiento rápido hacia ella y todo lo que enseña que me permite en muchas ocasiones llegar sanos y salvos al puerto. Y si no llegamos sanos y salvos, restituímos vínculo y volvemos a navegar juntos de nuevo.

Leire

Cuando nació mi hija mayor sentí muchísimas carencias a la hora de actuar ante los retos de la crianza. El ir a Padres Formados me ha dado un “mapa” que me permite entender los comportamientos de mis hijos, y sobre todo los míos. Al principio me costó comprender lo que tratabas de transmitir, para luego darme cuenta de que lo importante no es lo que hago, si no “desde donde” lo hago. Es una mirada hacia dentro de mí misma para poder comprender como actúo fuera y qué ven mis hijos en mí. Ha sido, y es, un camino de autoconocimiento que recorro día a día, es como si antes fuera con el piloto automático y ahora en cambio, pongo consciencia en lo que hago. No siempre consigo actuar como me gustaría pero al menos soy consciente de lo que hago, de lo que me gustaría hacer y además procuro aceptarlo sin culparme. Solo puedo darte las gracias por haberme abierto los ojos y acompañarme en este maravilloso camino. Un fuerte abrazo

Javier Lozano

Cuando yo te conocí no entendía por qué no me decías cómo tenía que hacer las cosas con mis hijos. ¿Si ella lo sabe por qué no me lo dice? – pensaba yo. Después fui entendiendo que tú tenías otro objetivo. Primero querías que me hiciera consciente de cómo estaba educando a mis hijos y después que aprendiera por mí mismo a saber cómo tenía que hacer las cosas. En ese momento me sentí algo, ¿ridículo? Era como si sintiera que necesitaba un guión, un manual, unos consejos y por otro lado quisiera ser un padre seguro de mí mismo haciendo las cosas por propio convencimiento. No quería hacerme “un padre de libro” pero tampoco “educar sin formación”. Entonces fui observando que tú lanzabas un mensaje constantemente. Un mensaje que sólo podía leerse entre líneas. Y era que la manera en la que miramos a la infancia es el punto de partida de nuestro mensaje hacia nuestros hijos. Y más allá aún, que la manera en que miramos a la infancia tiene que ver con cómo hemos vivido nuestra propia infancia. Entonces sentí escalofríos. Porque tampoco lo decías explícitamente pero entre líneas, recordabas que si no me reconciliaba con quién yo fui de niño, no podría acercarme a mi hijo desde la paz. Era como si me dijeras: “primero resuelve tus asuntos y luego ya pensarás en tu hijo”. Y yo como si respondiera: “¡He venido a hablar de mi hijo!”. Y tú como si contestaras: “Ya pero es que tu hijo no tiene ningún problema. Las dificultades las estás viviendo tú, no él.” He de reconocer que había demasiada sabiduría en todo eso para mí. No estaba preparado en ese momento. Y me fui preparando. Día a día, mes a mes, año tras año. A veces sentía que debía proteger a mi hijo de mí mismo, de mis limitaciones como padre, de mis propias dificultades, de mis pocas capacidades. Y entonces, tú Leticia, me permitiste ver que mi gran maestro era mi hijo y tú eras el faro, la guía, que en la noche me orientaba y me recordaba el camino. Nunca en sí, diste los pasos por mí, me acompañabas. Me decías: “Mira lo que hay aquí”. Es lo que hace la luz en la oscuridad. “Mirar lo que hay aquí”. En este sentido, he aprendido de ti, a mirar mejor. A ver la infancia de otra manera, con otras gafas, con otro paradigma. Y de alguna manera he podido hacerlo por mi esfuerzo pero también por ver tu sensibilidad, tan poco común, hacia los primeros años de nuestras vidas. Con suerte Leticia, así es como me he sentido de conocerte. Con suerte.
En mi labor de crianza, de educación, tú eres el faro cuando se hace noche. Afortunadamente, ya estoy aprendiendo a navegar, incluso cuando las aguas se complican. Y también a navegar cuando hay menos luz. En cierto modo, siento que te necesito menos. Y entonces vuelvo a entender, lo que trataba de escribir en estas primeras líneas, vuelvo a entender por qué no dabas consejos. Porque si lo hubieras hecho, nunca hubiera entendido verdaderamente nada y siempre te hubiera necesitado. Y tu plan era otro. Tu plan era que al final fuéramos nuestros propios faros, nuestra propia luz. Gracias, por tanto.

Virginia Borin Venegas

Directora en Vincolo® Recursos Humanos y Emprendedurismo y Creadora de La Fundita®. SOY MADRE y después… todo lo que se ve en Linkedin. Muchos de los que somos profesionales, estamos a la par de ello, formando niños que serán luego adultos protagonistas de nuestra sociedad. Menuda tarea, no?. Algunas preguntas venían a mi mente antes de ser madre … qué implicancias tendría, qué demandarían nuestros hijos, qué haría con esas emociones, y el trabajo, entregar mi mejor versión de madre, además de mi versión profesional….? Me interpelé, investigué y me crucé a Leticia Garces Larrea, una pedagoga española que me dió la tranquilidad de saber que todo lo que yo me preguntaba, tenía una respuesta.Leticia nunca supo que ella me formaba virtualmente hasta que un día pude decirle lo importante que fue (lo sigue siendo y lo será por siempre) su formación ya habiendo tenido yo 2 niñas. Hay que formarse. NO TENGO LA MÍNIMA DUDA. Al fin y al cabo… además de profesionales, somos educadores.

Uxue Navarro

Hola Leticia, llevo muchos años siendo parte de padres formados, creciendo a la vez que mis hijos, aprendiendo cada día de sus rabietas y frustraciones, entendiendo a su vez la gestión emocional que yo hago de cada momento. Sin tu ayuda no hubiera sido posible. Cada reunión mensual es un balón de aire fresco con el que poder seguir educando a mis hijos, entendiéndoles más, acompañandolos para que crezcan libres y sanos emocionalmente. Gracias por hacer que cada sesión sea un aprendizaje, que aunque estemos cansados consigas hacer que desconectemos del estrés de vida que nos atrapa. Cada ejemplo que nos expones, con el toque cómico que lo cuentas, nos hace revivir cada situación en nuestras casas, y vernos reflejados sin poder evitar reírnos…
Muchas gracias a ti y a Uxua por creer en este proyecto. Enhorabuena, seguid así. Un abrazo enorme


¿Qué nos cuentan otros padres sobre “Padres Formados, Hijos Educados”?

Sandra Hernandez

Me leí en verano tu libro y no lo entendí nada, sólo veía que todo lo que indicabas que habitualmente hacíamos muchas madres y no se debía hacer o era mejor hEl libro ha encajado perfectamente en mi vida personal, tanto que ya le he buscado un hueco en mi mesilla de noche junto a mis objetos más “preciados” y todos los colores que he estado utilizando para subrayar las cosas más importantes para mí, me vendrán muy bien para leerlas siempre que las necesite. Es un libro que nunca va a dejar de enseñarme cosas y saber que lo voy a tener ahí para que me ayude siempre que me equivoque me tranquiliza. Es muy completo porque me hace entender como funciona el cerebro de los peques, saber más sobre la neuroeducación, que es un privilegio enorme saber más de esas cosas que creíamos que estaban bien hechas porque a nosotros nos las habían enseñado así y no lo es y saber que puedo cambiarlo y hacerlo mejor me tranquiliza. También saber más sobre la parentalidad positiva que, aunque ya tenía claro que no quería una educación agresiva ni autoritaria para educar a mis hijos, a veces, sin darme cuenta, lo he hecho. Y ahora tengo las herramientas para poder cambiar, para poder rectificar, pedir perdón y hacerlo como realmente quiero. Tengo claro que hay un camino muy largo y difícil, porque ya tenemos hábitos adquiridos, que van a necesitar mucho trabajo y mucha consciencia para cambiarlo y seguro que tropezaré más de una vez, pero ahora me daré cuenta y podré poner remedio más rápido. Quiero que crezcan emocionalmente sanos y emocionalmente competentes, para que puedan ser ellos mismos con libertad y para que se sepan respetar como personas en el futuro.

Maria Laura

Recuerdo perfectamente el momento que te conocí. Estábamos mi marido y yo en una feria de bebés en Baluarte y en medio de tanto stand que vendían ollas,mochilas portabebés,ropa y demás ahí estaba Leticia ofreciendo formación casi ininterrumpidamente a todo el que por allí se quisiera sentar a escucharla. Desde ese momento no he dejado de seguirla en sus jornadas, talleres y congresos de Educación Emocional sus cuentos, en su despacho a modo de orientación personal,su GRAN LIBRO y actualmente su formación on line.
Leticia tiene una forma de comunicar,de llegar a ti muy especial. Me encanta para llegar a algo como te hace partícipe de ese tema,haciéndote preguntas que te hacen pensar y mucho, te hace indagar en ti. Lo que más me ha marcado fue una pregunta que me hizo,”¿Quieres ir por el camino rápido(amenaza,castigo,miedo)o respetando el ritmo de maduración del cerebro de tu hijo? Si hasta los veintitantos años no se termina de formar el cerebro,nosotros haremos de prefrontal.¿Estamos preparados? ¿Sabemos poner límites sin tocar la ROSA más preciada, su conciencia?. Todo ello teniendo en cuenta que al igual que el AMOR ES CONTAGIOSO (guiño a tu cuento) nuestro cansancio,estrés,tristeza lo son y se pueden convertir en otras emociones más extremas. Conclusión: Necesitamos de autocuidado si queremos educar con respeto.

Antonio Francisco

Va a ser difícil contaros en pocas líneas mi vivencia en el proyecto Padres Formados, pero voy a intentarlo…
Yo estaba, como la mayoría de los padres novatos, asustado, abrumado por la responsabilidad y con la cabeza llena de ideas equivocadas acerca de la paternidad y del modo de relacionarme con mis hijos. Alguien me habló de la educación emocional y su enfoque positivo y respetuoso con los niños me enamoró. Después de asistir a un Congreso organizado por Padres Formados me matriculé en su escuela de mamás y papás y aquí empezó un viaje alucinante que me cambió.
Primeras sesiones: me miro en el espejo que Leticia me puso delante y no me gusta lo que veo. Vaya depresión. Yo, que había venido aquí esperando un recetario para corregir esas conductas inadecuadas, me doy cuenta de que lo inadecuado está en mí y no en mis hijos… Y aquí empieza el viaje de verdad. Cambié de perspectiva, dejé de poner el foco en mis hijos y lo dirigí hacia mí. Era yo quien necesitaba empezar a conocerme, a trabajarme la manera de relacionarme con la vida en general, con mis hijos, que se han convertido en mis mejores maestros, pero, sobre todo, conmigo mismo. Y Leticia siempre ahí, incansable, mostrando el camino, acompañándonos con muuuuucho amor y, sobre todo, mucha pasión, que de eso tiene de sobra. Gracias, de corazón. Me inspirais. Os quiero.
Lo que os decía, un viaje alucinante.

Natalia

El participar en los cursos de Formación de padres de Leticia ha sido una experiencia muy enriquecedora que me ha acompañado desde los primeros años de vida de mi hija; en los que se me rompieron paradigmas y establecí nuevas formas de ver, sentir y vivir la vida. En los que no ha sido fácil, pero sí satisfactorio. Ha requerido y requiere de un desarrollo personal propio para que nuestra hija vea en nosotros sus padres lo que necesita para vivir y relacionarse con ella misma y con los demás. Cuando conocí a Leticia me dijo que quería aportar algo a la sociedad. Pensó que la mejor manera era a través de la educación de los niños y así lo ha hecho. La primera vez que escuché a Leticia hablar sobre la educación de los niños me enganchó. Gran comunicadora, creativa, luchadora, muy trabajadora, dinámica, con una gran vocación y con mucho sentido del humor. Siempre con ideas que al tiempo hacía realidad. En continua formación. Siempre pensando en qué podía aportar a las personas a través de la educación. Creando recursos para llegar a los niños, formando grupos de padres. Creó los Congresos de educación emocional en Navarra. Leticia nos habla sobre una educación basada en el RESPETO al niñ@, el respeto a su persona. Me ha ayudado mucho para poder ejercer una educación consciente, fomentar una buena autoestima y desarrollo emocional, para atender a lo que hay detrás de una conducta determinada, para acompañar a mi hija en momentos difíciles, para no descuidar el vínculo emocional con ella, para ayudarle a forjarse una personalidad crítica, Me ha permitido dar el valor que se merece al lenguaje que utilizo tanto verbal como no verbal y así poder elegir conscientemente aquello que quiero transmitirle. En fin, Me ha ayudado a atender a la responsabilidad tan grande que tenemos como padres, por lo que estoy muy agradecida.

Natalia

“Voy a comenzar esta reflexión personal diciendo que me ha sorprendido gratamente el curso. Es un curso muy completo, con una gran  variedad de materiales para reforzar y complementar el contenido del libro. El curso se me ha hecho ameno y eso que es bastante extenso y me ha llevado bastante dedicación a la hora de ver todas las entrevistas, lecturas, y vídeos complementarios, pero me ha parecido muy completo e interesante. Comentar que he disfrutado mucho con el contenido de los cortos, incluso me he llegado a emocionar.  Además son un buen recurso para trabajar con los alumnos en el aula e invitarles a la reflexión. Además este curso me ha permitido  aprender sobre la neurociencia, aprendiendo  y  descubriendo cosas nuevas que desconocía.  También me ha permitido profundizar más en la educación emocional y modificar viejos patrones y falsos mitos de la educación, adquiriendo nuevos patrones de conducta y desaprendiendo o intentando modificar expresiones y frases que llevan tiempo con nosotros y nos cuesta deshacernos de ellas.”

Jenny

Justo acababa de ver en el curso diferentes reflexiones sobre el duelo y la importancia de ser sincera y de aceptar junto a los niños las emociones negativas. Les hablé a mis hijos de mi tristeza y sobre mi abuela, porque ella vivía en Alemania y no la llegaron a conocer. Saqué mis cajas de fotos de mi infancia y compartí con ellos mis recuerdos. Me sorprendió que mis hijos me preguntaran durante algunos días si seguía triste y cómo me sentía, pero sobre todo me sorprendió un comentario de mi hijo: “Cuando murió la otra bisabuela no hablamos de cómo se sintió papi, ¿también estaba triste?.” Así que gracias de corazón, Leticia.

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